martes, 27 de julio de 2010

Capitulo 2

Me desperté. Lo primero que me vino a la cabeza fue ''Hoy es el día''. Estaba nerviosa, nerviosísima. No sabía lo que iba a pasar ese día. Me levanté y bajé las escaleras mientras escuchaba música. ''Maybe it's not my weekend, but it's gonna be my year...''. Mis padres estaban desayunando.
- Buenos días! - dije.
- Buenos días, preciosa! - dijeron sonrientes.
- ¿Qué vais a hacer hoy?
- Pues supongo que iremos a visitar el Big Ben con tu hermano. ¿Qué vais a hacer vosotras?
- Vamos a ir a la zona del Wembley.
- ¿Qué hay ahí pues?
- Nada, simplemente lo que llevo esperando 4 años... - me salió del alma.
- ¿Qué? - preguntaron extrañados.
- Nada, nada... - en ese momento bajó Savannah.
- No hagais locuras, eh! - dijeron.
- No, tranquilos, estaremos bien - dijimos las dos.
Desayunamos y subimos a la habitación. Me vestí. Una camiseta en la que ponía ''Lies, lies, lies'' (perfecta para la ocasión), unos pitillos y mis converse negras. El día más raro de mi vida acababa de empezar. Era raro para mí pensar que tenía alguna posibilidad de verles... tanto tiempo esperando ese momento, que parecía imposible que ocurriera. Era irreal, muy irreal. Prefería no hacerme ilusiones, porque no iba a ser fácil, pero si persigues los sueños, se cumplen, no? pues eso estaba dispuesta a hacer yo.
3pm. Savannah y yo estabamos en el autobús, camino a Wembley. Yo me mordía las uñas. Tenía miedo. No sabía cual iba a ser la reacción de Savannah al saber por qué ibamos a ir a Wembley... estaba deseando que no se comportara como una inmadura, si no como una amiga de verdad. Llegamos, el autobús nos dejó a dos manzanas de mi destino. Se oían gritos de chicas de vez en cuando. Savannah empezó a sospechar.
- ¿Tienes idea de qué pasa...? - preguntó.
- ¿A que te refieres?
- A los gritos que se oyen, de fans histéricas.
- Ah, no, no sé... - yo no sabía mentir, y ella lo sabía.
- Nelly, mientes.
No contesté, y cambié de tema.
- Pff, hace mucho calor... ¿entramos al Starbucks? - dije.
- Vale!
Estuvimos en el Starbucks toda la tarde, nos encantaba. Aquel día estaba demasiado nerviosa como para estar relajada. Tuve que ir al baño unas cuantas veces, siempre me pasaba lo mismo cuando estaba nerviosa. De repente miré el reloj: 7:45pm. El concierto empezaba en 15 minutos. No tenía otra opción, tenía que decirselo ya.
- Savannah... - miré al suelo.
- ¿Qué? ¿Qué pasa? ¡Sabía que pasaba algo! te lo llevaba notando todo el día, venga, sueltalo ya!
- Mira... hay un concierto de... bueno... McFly, en el Wembley, en 15 minutos... es gratis y...
- No! Nelly, hemos venido a Londres para pasar unas vacaciones juntas, no para ver a cuatro estúpidos tocando canciones sin sentido con sus absurdas guitarras! - gritó.
Eso me dolió. Me dolió mucho. Sin pensarmelo dos veces, salí del Starbucks corriendo. Empezé a correr hacia el Wembley, en ese momento me daba igual todo. Tenía que entrar. Tenía que vivir ese concierto. Cruzé la calle y, ahí estaba, el Wembley. Había un cartel gigante en el que ponía ''McFly en concierto''. Miré hacia atrás, pero Savannah no me había seguido. 7:55pm. Sólo me quedaban cinco minutos.
Me acerqué a la puerta principal.
- Perdona, señorita, el aforo está lleno y no puedes entrar. - me dijo el guardia que estaba en la puerta.
Ya sabía yo que algo tenía que salir mal. No me puse a llorar, quería parecer una chica madura. De repente, se escucharon gritos que venían de adentro... y una voz. ''Here's another song for the radio...!'' Oh dios, era Tom. Tom Fletcher. No me lo podía creer, le estaba oyendo. Estaba a metros de ellos, pero no podía verles. Me senté en un banco que había al lado de la puerta. Al de un minuto, salió otro guardia con una chica en brazos. Se había desmayado y la habían sacado. El guardia me miró, y sonrió.
- Has tenido suerte, maja, ahora puedes entrar! - me dijo.
No me lo podía creer. Lo había conseguido. No, no, no. No podía ser verdad. Sin pensarmelo dos veces, abrazé al guardia y entré corriendo. Iba por los pasillos del Wembley, buscando la entrada, cada vez escuchaba sus voces más cerca. Estaba emocionada, no pude aguantar más y me salieron algunas lágrimas. Entonces, ví una puerta abierta a lo lejos. Salían luces. Esa debía de ser la puerta. Me acerqué poco a poco, la abrí y... efectivamente. Ahí estaban. Después de cuatro años esperando ese momento, lo había conseguido, les tenía a unos 30 metros de mí. Sonreí como nunca lo había hecho. Mis lágrimas no dejaron de caer en todo el concierto. Mi sueño se había hecho realidad. El mejor día de mi vida.

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